La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad neurológica crónica, inflamatoria y autoinmune que afecta al Sistema Nervioso Central, compuesto por el cerebro y la médula espinal. En las personas con EM, el sistema inmunitario, que normalmente protege al organismo frente a infecciones, ataca por error a la mielina, una sustancia grasa que recubre y protege las fibras nerviosas y que es esencial para la correcta transmisión de los impulsos eléctricos que controlan nuestras funciones corporales.
Cuando la mielina se daña o se destruye, la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo se ve interrumpida o enlentecida. Este daño produce las características lesiones conocidas como placas de desmielinización o esclerosis, que pueden aparecer en cualquier área del sistema nervioso central, lo que explica la gran diversidad de síntomas y evolución de la enfermedad en cada persona.
Por ello, la Esclerosis Múltiple es conocida como la “enfermedad de las mil caras”, ya que los síntomas varían notablemente en tipo, gravedad y ritmo de aparición. Estos pueden incluir fatiga extrema, problemas de visión, alteraciones en el equilibrio y la coordinación, debilidad muscular, hormigueos o entumecimiento en diversas partes del cuerpo, espasticidad (rigidez muscular), trastornos de vejiga e intestinos, dificultades cognitivas y dolor, entre otros.
Aunque su causa exacta sigue siendo desconocida, se considera que su aparición está relacionada con una combinación de factores genéticos y ambientales. No es una enfermedad hereditaria, pero sí existe una predisposición genética que, al interactuar con determinados factores externos, puede favorecer su desarrollo. Entre estos factores ambientales destacan:
- Infecciones virales, como la infección por el virus Epstein-Barr (relacionado con la mononucleosis).
- Déficit de vitamina D, relacionado con baja exposición a la luz solar.
- Tabaquismo, que se asocia a un mayor riesgo de desarrollar EM y a una peor evolución de la enfermedad.
La EM es más frecuente en mujeres que en hombres y suele diagnosticarse entre los 20 y los 40 años, aunque puede aparecer a cualquier edad, desde la infancia hasta edades avanzadas. En la actualidad, afecta a más de 2,8 millones de personas en todo el mundo, con más de 1,2 millones de casos en Europa y aproximadamente 55.000 personas diagnosticadas en España.
Además, constituye la principal causa de discapacidad neurológica no traumática en adultos jóvenes, lo que la convierte en un problema de salud con un elevado impacto personal, familiar y social.

