La esclerosis múltiple (EM) se manifiesta de formas muy diversas. Clasificar sus fenotipos ayuda a comprender su evolución y a planificar el seguimiento y tratamiento junto al equipo médico.
Síndrome Clínico Aislado (SCA)
Primer episodio neurológico (al menos 24 h) causado por inflamación y desmielinización en el sistema nervioso central. No reúne criterios completos de EM, pero indica riesgo elevado, sobre todo si existen lesiones en resonancia magnética o bandas oligoclonales en el líquido cefalorraquídeo.
- Monofocal: un solo síntoma (p. ej. neuritis óptica).
- Multifocal: varios síntomas simultáneos.

Esclerosis Múltiple Remitente-Recurrente (EMRR)
Forma más frecuente (≈ 85 %). Se caracteriza por brotes imprevisibles de días o semanas, seguidos de remisiones completas o parciales, sin progresión aparente entre ellos.

Esclerosis Múltiple Secundaria Progresiva (EMSP)
Evolución de muchos casos de EMRR (50–70 %). Supone un empeoramiento continuo de la función neurológica, con o sin brotes ocasionales, y remisiones menos evidentes.

Esclerosis Múltiple Primaria Progresiva (EMPP)
Afecta al 10–15 %. No hay fase inicial de brotes; la discapacidad aumenta gradualmente desde el comienzo. Puede presentar actividad inflamatoria ocasional en resonancia magnética.

¿Qué es un brote (recaída) y cómo identificarlo?
Definición
Un brote o recaída de EM es un episodio de aparición aguda o empeoramiento de síntomas neurológicos que persisten al menos 24 horas, sin estar provocados por fiebre, infección u otros factores externos. Se atribuye a la formación de nuevas lesiones desmielinizantes en el sistema nervioso central.
Criterios principales
- Duración ≥ 24 horas.
- Separación de al menos 30 días desde el brote anterior.
- Ausencia de fiebre o infección concomitante que explique los síntomas.
- Objetivación de lesión mediante exploración neurológica o resonancia magnética.
Síntomas más frecuentes
La inflamación aguda interrumpe la conducción nerviosa y provoca síntomas variados. Entre los más habituales están:
- Entumecimiento, hormigueo o dolor (sensibilidad alterada).
- Debilidad muscular y problemas de coordinación para caminar.
- Alteraciones de la vista (visión borrosa, doble, dolor al mover el ojo).
- Vértigos, mareos y falta de equilibrio.
- Espasticidad, temblores y rigidez.
- Fatiga intensa e inexplicable.
- Alteraciones en el control de vejiga e intestinos.
- Cambios cognitivos o emocionales (dificultades de concentración, cambios de humor).
¿Cómo detectarlo?
- Autoobservación: prestar atención a cualquier síntoma nuevo o empeoramiento repentino.
- Registro de síntomas: anotar fecha de inicio, duración y severidad.
- Evaluación médica: si un síntoma dura más de 24 h, contactar con el neurólogo para valoración clínica.
- Evitar confusiones: descartar causas externas (fiebre, infecciones, calor intenso) que puedan simular un brote.
¿Qué hacer ante un brote?
- Contactar con tu neurólogo.
- Seguir las indicaciones de tratamiento.
- Registrar la evolución de los síntomas para planificar ajustes terapéuticos.
- Contar con el apoyo de tu equipo de neurorrehabilitación y de AEMA RM para sintomatología y bienestar.
