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Tratamientos

Actualmente, no existe cura para la Esclerosis Múltiple (EM), pero existen tratamientos eficaces que pueden modificar el curso de la enfermedad, controlar sus síntomas, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Estos tratamientos se clasifican en dos grandes categorías:

Son medicamentos aprobados para modificar el curso de la EM y disminuir la frecuencia e intensidad de los brotes. Algunos de los principales son:

  • Interferones (Betaferon®, Avonex®, Rebif®, Extavia®, Plegridy®): Reducen la inflamación y la actividad inmunológica.
  • Acetato de Glatirámero (Copaxone®, Glatiramero Mylan): Ayuda a reducir brotes y la inflamación.
  • Anticuerpos monoclonales (Natalizumab – Tysabri®, Ocrelizumab – Ocrevus®, Alemtuzumab – Lemtrada®, Ofatumumab – Kesimpta®): Bloquean células inmunitarias específicas implicadas en la EM.
  • Inmunosupresores y moduladores inmunológicos (Teriflunomida – Aubagio®, Dimetilfumarato – Tecfidera®, Fingolimod – Gilenya®, Cladribina – Mavenclad®): Modifican la respuesta del sistema inmunológico.
  • Otros tratamientos recientes (Ozanimod – Zeposia®, Siponimod – Mayzent®, Ponesimod – Ponvory®): Reducen la actividad inflamatoria cerebral.

La selección del medicamento adecuado depende del tipo específico de EM, la actividad de la enfermedad y las características individuales de cada paciente.

Infografía Tratamientos EM

Cuando se produce un brote de esclerosis múltiple, caracterizado por la aparición de nuevos síntomas o empeoramiento de los ya existentes durante al menos 24 horas, el objetivo del tratamiento agudo es reducir la inflamación y acortar tanto la duración como la gravedad del episodio. Las pautas más habituales son:

  • Corticoides en pulsos intravenosos
    • Metilprednisolona: 1 000 mg al día por vía IV, durante 3–5 días consecutivos.
    • Alternativas: dexametasona IV (equivalente) o prednisona oral de alta dosis (1 250 mg/día) si no es posible el acceso venoso.
    • Ventajas: rápida biodisponibilidad, buena tolerancia general y efecto antiinflamatorio intenso.
  • Prednisona oral
    • En caso de imposibilidad de ingreso hospitalario, se puede administrar un ciclo de prednisona oral equivalentes a los pulsos IV (p. ej. 1 250 mg/día durante 3–5 días), aunque suele asociarse a más efectos secundarios gastrointestinales.
  • Seguimiento y prevención de efectos adversos
    • Aunque se tolera bien a corto plazo, pueden surgir:
      • Reacciones leves: sabor metálico, insomnio, dispepsia, cambios de humor y aumento del apetito.
      • Reacciones menos frecuentes: episodios de ansiedad o agitación, alteraciones glucémicas, retención hidrosalina.
    • Tras el ciclo, conviene valorar un descenso progresivo de la dosis o suministro de protectores gástricos si se prolonga más de 5 días.
  • Plasmaféresis (intercambio plasmático)
    • Indicada como segunda línea en brotes graves que no respondan de forma suficientemente rápida o completa a los pulsos de corticoides.
    • Suele realizarse en 5 sesiones, cada dos días, bajo monitorización estrecha.

Nota: Estos tratamientos no modifican el curso a largo plazo de la EM, pero son fundamentales para minimizar el impacto funcional de cada brote. La elección concreta de dosis y vía debe realizarla el neurólogo, adaptándola a edad, comorbilidades y grado de afectación de cada paciente.

La guía de práctica clínica argentina resalta el enfoque individualizado del tratamiento sintomático en esclerosis múltiple, orientado a aliviar síntomas, mejorar la funcionalidad y la calidad de vida:

  • Trastornos de la marcha: fampridina mejora velocidad y resistencia; se recomienda fisioterapia y entrenamiento de fuerza y equilibrio.
  • Espasticidad y espasmos: baclofeno, tizanidina, gabapentina como primera línea; alternativas como diazepam y dantroleno; en casos graves, baclofeno intratecal o toxina botulínica.
  • Fatiga: amantadina es el único fármaco con beneficio claro; se aconsejan también estrategias no farmacológicas (planificación, descansos, actividad física).
  • Dolor neuropático y parestesias: gabapentina y carbamazepina según evidencia.
  • Alteraciones del temblor / ataxia: carbamazepina puede ser útil en ataxia; propranolol no ha demostrado eficacia en temblor asociado a EM.
  • Disfunción vesical: anticolinérgicos como oxibutinina (primera elección), tolterodina, propiverina o solifenacina; recomendaciones generales como restricción hídrica y micción programada.
  • Disfunción sexual: inhibidores de la fosfodiesterasa-5 (sildenafil, vardenafilo, tadalafilo) en varones; en mujeres, lubricantes y cremas de estrógenos.
  • Trastornos intestinales: manejo fisioterapéutico, dietético y hábitos de vida saludable para el estreñimiento e incontinencia.
  • Salud mental y cognitiva: abordaje integral con psicoterapia, antidepresivos (ISRS) y rehabilitación neuropsicológica; se destacan técnicas de mindfulness y control del estrés.
  • Terapias complementarias: yoga, pilates, taichí, meditación y suplementos como vitamina D, dentro de un marco seguro y supervisado.

Este tratamiento sintomático se basa en una atención multimodal y personalizada, combinando medicamentos, rehabilitación y terapias no farmacológicas adaptadas a las necesidades individuales.

Estos tratamientos no farmacológicos tienen como objetivo reducir síntomas específicos, mejorar la autonomía y aumentar la calidad de vida mediante un abordaje integral, interdisciplinario y personalizado.

  • Fisioterapia: mejora fuerza, estabilidad postural, equilibrio y movilidad general.
  • Terapia ocupacional: facilita la participación en actividades cotidianas, laborales y de ocio mediante estrategias de adaptación.
  • Logopedia: trata alteraciones del habla y la deglución.
  • Neuropsicología: mejora funciones cognitivas como memoria, atención y concentración.
  • Psicología: brinda soporte emocional, ayudando en el afrontamiento psicológico de la enfermedad.
  • Atención social: apoya la integración social, laboral y familiar y facilita el acceso a recursos y servicios.
Infografía Rehabilitación EM

Características de una rehabilitación adecuada:

  • Atención temprana.
  • Enfoque integral.
  • Centrada en funciones específicas.
  • Personalizada.
  • Integrada en la vida cotidiana.
  • Educativa para pacientes, familiares y cuidadores.
  • Interdisciplinaria.

El manejo óptimo de la EM requiere un tratamiento personalizado y multidisciplinar, combinando enfoques farmacológicos y rehabilitadores para asegurar el mejor control posible de la enfermedad.

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